Incendio de Oscuridad
Corría, huía, despavorida como la presa que huye del depredador. La presa- y nunca mejor dicho- del entorno, de la sociedad, de la realidad. El viento arremetía en su contra: solo quería correr, huir, escapar, llegar lo antes posible a un lugar seguro. Quizás no fuera lo apropiado evadir el peligro todo el rato, podría suponer un acto de cobardía o un acto de heroicidad haber aguantado todo este tiempo. Pero cada segundo, cada minuto, cada hora era para ella un infierno. Avanzaba a gran velocidad, sin dirección, sin rumbo. Su nombre perdido en el cielo, hacia de luna en las noches sin sol, de sol en las noches sin luna. Tampoco implicaba una definición, no era una heroína a la que se la tuviera que recordar para la eternidad, esculpirla en mármol ni escribir cuantiosas historias sobre sus hazañas. El movimiento del aire la llamaba como un pequeño susurro, la atraía hacia sí para asestarle una puñalada en cuanto tuviera la oportunidad, inevitable era entonces, olvidar el pasado, ya que el aire lo arrastraba con el. Deseaba con todas sus fuerzas encontrar un atisbo de esperanza en un incendio de oscuridad, rodeada por un fuego abrasador, un fuego lleno de fracaso, desesperación e ignorancia. Buscaba, anhelaba encontrar esa luz cargada de esperanza, esa luz que no había conseguido superar el negro horizonte, el horizonte que marcaría tanto su presente como su futuro. Naufraga de su propia inexistencia, era inevitable ser insignificante, era tan inevitable como conocer el fracaso para sentir la felicidad. Su existencia pues no tendría sentido, siempre habría sido mas fácil dar todo por terminado, pero había decidido no hacerlo, había decidido continuar con lo que había iniciado y no es porque creyera en el destino, necesitaba consolidar el futuro, necesitaba asegurarse de que si por la infinita casualidad, hubiera tan solo una única persona en ese mundo que necesitase la misma luz, daría entonces, solo entonces, su propia vida.
- Decidí continuar, decidí seguir adelante lo que había hecho ya, fue el ultimo momento en el cual apareciste y me regalaste una nueva oportunidad, en el momento en el que estaba a punto de perder lo que ya había conseguido, llegaste, no como una diosa prepotente, o un dogma de una religión, si no como una fuente de infinita sabiduría, de infinita esperanza. Y ha pasado tiempo ya, el tiempo, siempre falto, desde aquel momento. Decaigo en el oscuro abismo y ya no tengo fuerzas para levantarme de nuevo, no encuentro motivación para seguir adelante, tropiezo y no hago mas que mirar hacia arriba para comprobar si no me he precipitado ya en el vacío, me levanto con desgana y continuo, naufraga de mi propia existencia, sierva de la sociedad.
- Entonces acaba con todo el sufrimiento ahora, Heliena, si vas ha hacerlo este es el momento pero después no habrá ninguna opción de volver atrás.
- ¿Por qué? ¿Por qué debo ser yo la que deba decidirlo? Desvarios quizás, si desvarios, ya no se quien es el que manda ni en mi propia vida...no se ni quien soy...
- ¿Quieres que te lo recuerde? Eres la Emperatriz de un Imperio, del mayor Imperio que se puede consolidar en una eternidad, de un Imperio dirigido por libertad, por la esperanza, de un Imperio que luchara con las propias manos para defender todo lo que es, para defender su identidad, de un Imperio que lucha por el oprimido, por el fracasado, por el melancólico...
- Tan fácil es... tan fácil como permanecer etéreo de por siempre, tan fácil como cualquier héroe cuando cumple su misión...ironías... ¡No es tan fácil!
- Es tu elección.
Corría. El viento arremetía en su contra pero ahora había una nueva luz, una luz que brillaba débilmente en el horizonte. Una luz, de esperanza.